#ContarElArte: Instantes de Mérida, instantes de la Humanidad

ACTUALIDAD


19 junio, 2020

#ContarElArte: Instantes de Mérida, instantes de la Humanidad

Poco a poco las calles de Mérida se llenan de nuevos instantes para la Humanidad, como los que hoy nos describe José Luis Mosquera Müller.  José Luis es Licenciado en Historia y Cronista Oficial de Mérida. Actualmente es Jefe de Sección del Centro de Estudios Agrarios. Con su equipo, está dedicado a la salvaguarda y gestión del patrimonio histórico, científico, técnico y bibliográfico de la administración agraria extremeña. Como arqueólogo ha dirigido diversas excavaciones, concretamente en Mérida las del Barrio de Morerías, participado también en el diseño y coordinación de proyectos de arqueología en el territorio, entre otros, la recuperación de la Vía de la Plata (Alba Plata) o Ciudades Romanas en Extremadura. Ha sido comisario de exposiciones permanentes, temporales e itinerantes. Como escritor ha editado libros, en su mayoría, sobre Mérida y la historia agraria regional. También colabora con artículos y programas seriados en el Diario Regional “Hoy”, Canal Extremadura,  y, por supuesto, en todas aquellas publicaciones culturales de ámbito local.

Nuestro destino en esta nueva entrega de #ContarElArte fue declarado  Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993. Para conocer la ciudad más a fondo, puedes consultar la guía virtual publicada en colaboración con el Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad. Ahora, esperamos que disfrutes de ese paseo histórico de la mano de José Luis Mosquera Müller.

 

Instantes de Mérida, instantes de la humanidad

 

 

 

En español el término instante se define como un período de tiempo muy breve, casi imperceptible; también como un tiempo puntual en el que sucede o se realiza una cosa. Claro que, para una ciudad como Mérida, con dos mil cuarenta y cinco años a espaldas de las rocas sobre las que se cimienta, los mismos que el río Ana (Guadiana) lleva acariciando las recias pilas graníticas del viejo puente romano, el más largo de los conservados del Imperio, la medida de cada instante es forzosamente distinta, por eso impresiona comprobar como los recuerdos se agolpan bajo la tierra, deseando salir a la luz para dar testimonio de instantes gloriosos o quizá de otros bien distintos fruto de un desastre aunque, los más, suelen responder a una población  donde la vida cotidiana de sus habitantes es sencilla, llena de afanes familiares por hallar algo de prosperidad, fama o, sencillamente, estar al día eludiendo la enfermedad y el hambre.

Por ejemplo, la ciudad nace en un instante de tranquilidad: la Paz Romana, diseñada concienzudamente por Augusto y que permite, a diferencia de lo que ha sido moneda corriente hasta entonces, no destruir ciudades, sino concebirlas. Una de esas urbes fue Augusta Emerita. La propuesta, nada sutil, para esta nova urbs fue la de hacer una pequeña Roma en occidente para que militares itálicos mitigasen la nostalgia de su patria lejana (quizá de ahí derive remotamente la saudade lusitana). También para que quienes aquí habitaban con anterioridad, tuvieran una novedosa y vital experiencia: poder vivir como un romano sin serlo o llegar a ser ciudadano del Imperio con la alianza del empeño y la fortuna.

Vivir como un romano implicaba disfrutar de espectáculos gratis o financiarlos para obtener, de esta forma, el agradecimiento de la comunidad y el prestigio necesario para entrar, con pie firme, en la historia. Para eso la municipalidad, con la ayuda de la familia imperial, erigió el teatro emeritense. Un teatro para reunir al pueblo: magistrados, caballeros, peregrinos, libertos, esclavos…todos juntos, pero no revueltos.  Gente ocupando las gradas para dar rienda suelta a los instintos, vociferando y lanzando frutas al escenario. Una vía de escape y socialización que, en la actualidad, se mantiene bajo el manto de la cultura, encarnada en el Festival Internacional de Teatro Clásico.

 

Teatro Romano. Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida

 

Otro instante, este glorioso, nos lo proporciona el martirio de una niña en tiempos de Diocleciano. El paso fugaz por la vida de Eulalia fue perpetuado por sus paisanos, primero con un mausoleo martirial y, ya en el siglo VI, la Edad de Oro de la Iglesia Emeritense, erigiendo una monumental basílica para que recibiera culto, de propios y extraños, la protectora de la ciudad.

 

Basílica de Santa Eulalia

 

En las antípodas se encuentra la construcción de la singular Alcazaba de la Mārida andalusí, la más antigua de las construidas en la Península. El momento que vive la ciudad en la tres primeras décadas del siglo IX es violento y confuso. Las tropas del emirato no pueden perder de vista a la población muladí local, dispuesta a sublevarse ante la falta de tacto de al-Hakam I con la ciudad que fue – y continúa sintiéndose en buena medida- depositaria de los valores de la romanidad cristiana hispana. La peor de las revueltas estalla en el año 834. Abd al-Rahmān II decide erigir al año siguiente una fortaleza inexpugnable, edificada a la manera de las viejas fortalezas de los desiertos de la Arabia Nabatea y del desierto de Judea. Sus muros y dependencias interiores (el conjunto aljibe/mezquita/torre de señales) se edifican con premura con todos aquellos elementos de las Méridas precedentes, ya constructivos, funerarios como decorativos, que les fueron útiles a sus propósitos: Aislar a la tropa cordobesa de la inestable población local y controlar todo el tráfico de entrada a la ciudad procedente del puente del Guadiana, que la guarnición musulmana tapona con esta fortaleza.

 

Alcazaba Árabe

 

Otro instante glorioso, este más cercano a nosotros, pero, como casi siempre en esta villa, mirando de reojo siempre al pasado. 1983, Mérida retoma la capitalidad de algunos territorios de la vieja Lusitania y de la Bética; tierras que, desde la Edad Media, son conocidas como Extremadura y que hoy conforman una nueva Comunidad Autónoma que brota del viejo tronco de España. La sede de la Asamblea Regional extremeña ocupa un edificio emblemático de la ciudad, el antiguo Hospital de San Juan de Dios, marco del dolor antaño, hoy es la casa donde se decide el futuro de los extremeños.

 

Asamblea de Extremadura

 

Estos son sólo algunos instantes de una larga historia cuyos testimonios pertenecen, desde 1993, a toda la Humanidad.

 

José Luis Mosquera Müller. Cronista Oficial de la Ciudad de Mérida