La búsqueda de financiación entre el público es una práctica centenaria; el crowdfunding, un concepto reciente que se materializó gracias a la “world wide web” y que, por tanto, depende de ella. Recién llegados de Florencia tras el Museums & The Web 2014 (MWF2014) – la gran cita que congrega a instituciones culturales y expertos de lo digital – hacemos zoom sobre los últimos hitos del crowdfunding en museos, uno de ellos nombrado estos días en Italia. En un escenario en el que también se habló de social media, apps móviles para museos, realidad aumentada y otros conceptos, tomamos la parte por el todo por considerar el crowdfunding un claro paradigma de Internet, en el que el usuario es el centro.

Para solicitar al visitante este tipo de colaboración económica, el museo debe acudir al único lugar en el que el crowdfunding se entiende y se propaga de forma viral: la red de redes. Si les convence como táctica para desempeñar proyectos que serían, a priori, insostenibles, deben saber que su “redentor” no es otro que el visitante online. Para que la cadena de financiación funcione, el museo tiene que desenvolverse en el entorno de su público o, como afirma Theodorus Meereboer, “debe prestar atención a los temas y cuestiones que son importantes para su audiencia”. El micromecenazgo, un recurso que se presenta como una de las soluciones a los graves problemas de presupuesto que atraviesa la cultura, no es posible si el museo no tiene una trayectoria previa en el entorno digital o si no ha iniciado aún un diálogo online con el visitante.

El crowdfunding en museos requiere de las partes implicadas un acto de fe: el uno debe convencer a su público de que el esfuerzo merecerá la pena; los otros deben creer que así será, y que serán recompensados por ello. Ya en el siglo XVII español, La Virgen del Camino, el primer santuario de León, se construyó gracias a las aportaciones de los fieles del pueblo; y lo mismo ocurrió para la creación de La Gran Catedral leonesa. Entonces este proceso se denominaba  “cuestación popular”o “suscripción”. En el mismo lugar, sólo que en 1987, la célebre campaña “Salvemos la Catedral” recaudaba más de 20 millones de pesetas.

En Italia, sede del MWF2014, destaca el caso del Palacio de Madama. Este proyecto, presentado durante la cita en Florencia por Carlotta Margorane (@Carlotta_Ma), es un claro ejemplo de cómo el patrimonio también tiene su hueco en Internet. En la siguiente gráfica se advierte como el éxito de la promoción online derivó en mayores inversiones por parte del público. Los picos de audiencia conseguidos en los social media – el gran ágora de hoy – coinciden con los picos de participación en la campaña de crowdfunding.  También Geoffrey Beare, memorando la campaña de financiación del William Heath Robinson Trust (Reino Unido),  aconseja desarrollar  contactos en los medios sociales con suficiente antelación.

crowdfunding_museum_science_fiction

Como ejemplos de éxito más recientes, la restauración de La Victoria Alada de Samotracia  en el Louvre o la próxima construcción del Museo de la Ciencia Ficción en Washington D.C (su campaña puede verse aún en Indiegogo ).  Los dos son proyectos con los que el público puede sentirse muy implicado: con el primer de ellos, fundamentalmente por la relevancia de la obra; con el segundo, por el atractivo de la propuesta y en ambos casos, por su forma de apelar a la identidad.

Este tipo de tendencias web en los museos, marcadas  por el vertiginoso cambio de hábitos en el público y por el ritmo que imponen los grandes referentes, implican coherencia digital. Esta semana, el Mobile World Congress de Barcelona pondrá el acento sobre la máxima expresión física de esta mutación: el dispositivo móvil. Este terminal empieza a ser una prolongación de nuestros sentidos. Convirtiendo en realidad la expresión “always on”, el móvil es la herramienta que ayudará a los museos a  conservar esa especie de fenómeno fan del que dependen.