En el marco de la reunión científica #Socialmus, celebrada en el Museo Arqueológico Nacional el pasado 12 de junio, convocamos a varias instituciones culturales representativas del territorio nacional, con sus respectivas diferencias de tamaño, estructura y estrategias digitales. El objetivo era conocer sus proyectos tecnológicos, su visión sobre CrossCult y aquello en lo que este proyecto de investigación e innovación podría beneficiarles. Todas ellas están de acuerdo en el enfoque de partida que el director del Museo Arqueológico Nacional, Andrés Carretero, puso sobre la mesa: hablar de “usuarios de los museos”, personas que al acceder a una exposición o colección hacen uso de unos determinados servicios en constante examen, y que, por lo tanto, no son visitantes pasivos, sino nuevos actores.

Este enfoque pone de manifiesto la importancia de los equipos multidisciplinares y del intercambio de conocimiento entre las distintas áreas, una necesidad también asumida por el 100% de los participantes en la mesa.

Repositorios de colecciones y open data: pasado, presente y futuro

Una de las líneas de actuación básicas de CrossCult consiste en interconectar sedes, contenidos y bases de datos, es decir, “abrir” el contenido a las distintas posibilidades de interacción con otros contenidos, incluido los generados por el propio usuario. Es un eje en el que trabajan grandes, medianos y pequeños museos de España y Europa, con mayor o menor nivel de profundidad. Ana Álvarez, responsable de web y nuevos medios en el Museo Thyssen-Bornemisza, confirma esta orientación hacia el open data: “antes en la web teníamos una réplica de las fichas de las obras, ahora traemos la información de las fuentes internas [de los repositorios internos]. A su vez, repara en la importancia de “mimar o curar” esos datos.

Desde la perspectiva nacional, como recuerda Héctor del Barrio, responsable de difusión de la Subdirección General de Museos estatales del Ministerio de Cultura, existen “fórmulas de trabajo asentadas y criterios establecidos a nivel nacional para catalogar la información. Como por ejemplo CERES”. CERES, el repositorio de colecciones que nació en 2010 y sigue incorporando nuevos museos a su red, vierte además la información en EUROPEANA, la mayor biblioteca digital europea de acceso libre, que inició su andadura en 2008.

Web semántica + recomendadores: más allá de los “favs”

Una vez catalogada la información de nuestras colecciones, se precisan una serie de normas que permitan incluir y relacionar metadatos semánticos y ontológicos para generar nuevas conexiones entre los contenidos. Estas conexiones futuras, y por tanto ocultas, serán “desenmascaradas” de manera inteligente por máquinas de procesamiento (si los metadatos han sido correctamente integrados). Y esto es, en definitiva, la teoría de la web semántica.

En la práctica, como señalaba por ejemplo Albert Sierra, “cuando se habla de web semántica siempre estamos en un lugar muy elevado”. Es decir, con los pies lejos del suelo. Sin embargo, desde su perspectiva como responsable de nuevas tecnologías y proyectos innovadores en la Agencia Catalana de Patrimonio Cultural, ve en la aplicación que CrossCult propone “una manera muy terrenal y que podría dar resultados”. Aplicable, en suma, a proyectos como “Fotografía a Catalunya“.

En este punto de desarrollo del proyecto CrossCult, y del propio estado de la innovación tecnológica en museos, es comprensible que la posibilidad de generar recomendaciones inteligentes en base a resultados semánticos pasara a convertirse en el grueso de la conversación y en el gran motivo de debate durante #SocialMus.

“Claramente tenemos unas oportunidades muy grandes tecnología semántica orientadas a la segmentación”, señalaba Martin, apelando a la oportunidad que esta tecnología nos brindaría para dar visibilidad a los museos y entornos culturales más desconocidos. Por ejemplo, un visitante que utilizara la app de la National Gallery de Londres (uno de los pilotos de CrossCult), podría encontrar una conexión de su interés que le llevara a visitar o interactuar con el menos conocido Museo de Tripolis en Grecia (otro de los pilotos). Este tipo de posibilidades son las que pretende estudiar y evaluar CrossCult, a partir del estudio de 4 casos reales que traspasan las fronteras europeas.

Al igual que museos como el Prado se ven directamente afectados por el mayor o menor de turistas que recibe la ciudad de Madrid (tal y como recuerda Noelia Ibañez), otra serie de museos podrían verse directamente beneficiados por las “narrativas personalizadas” que conectan intereses. Y, a su vez, los “curadores” de contenido podrían realizar nuevas interpretaciones del patrimonio en base a conexiones hasta entonces invisibles.

Hasta el momento, solo puede evaluarse la utilidad de las recomendaciones basadas en segmentación de perfiles, en búsquedas simples o en rankings de popularidad, pues son las fórmulas en las que se ha trabajado o se está trabajando. Ana Álvarez cuenta como en el Museo Thyssen han añadido una serie de etiquetas a la ficha de la obra, que permita al usuario llegar a contenidos que podrían ser de su interés en función de los que ha visto anteriormente.

Albert Sierra afirma que, a falta de un desarrollo tecnológico mayor, lo que está funcionando en los sitios patrimoniales gestionados por la agencia catalana es la recomendación persona a persona, a través de los puntos de información turística. Añade que “la tecnología nos permitirá que esto que funciona bien se lleve a una escala mucho mayor”. No por ello sin olvidar la dificultad de que las recomendaciones sean 100% efectivas o válidas para cada uno de nosotros: “Los datos sobre esta persona no responden solo a lo que hace en el museo. El usuario puede que no sea solo un Art Lover, igual también le gusta el fútbol”.

En relación a lo anterior, Martín López apunta lo siguiente: “una de las facetas en las que se investiga actualmente [y en particular en CrossCult] es en dotar de diversidad a las recomendaciones”. En definitiva, se trata de trabajar más allá de los criterios de popularidad y de relacionar diversos entornos, no solo el museístico, a través del cruce de datos con otras bases de información (como por ejemplo Facebook) y de herramientas de profiling.

Desde la perspectiva de la atención de públicos, Noelia Ibañez indica que el concepto de entrada única que aplica el Prado, fundamentado en la máxima “dejar hacer y dejar pasar”, no elimina la necesidad de conocer bien a tu público, pues “hay determinados perfiles de ese público que sí que requieren una ayuda y la necesitan”.

En conclusión, frente al nuevo fenómeno de los recomendadores de contenido, estas cuatro instituciones españolas opinan: sí, siempre y cuando exista una toma de decisiones previa por parte de los museos, vinculada a estudios de público. A esa toma de decisiones ayudará la innovación tecnológica.

APPS como vía, no como fin

A propósito del crecimiento exponencial del número de apps museísticas durante los últimos años (cuyas distintas tipologías analizamos durante el pasado #digitalmus 2016), Ana Álvarez planteó la siguiente cuestión: ¿Son estas apps una tendencia que viene para quedarse? La responsable de la web y nuevos medios del Museo Thyssen-Bornemisza vaticina un mejor futuro para los contenidos accesibles a través de WIFI gratuito y para la tecnología Beacon, herramientas que, en definitiva, no precisen la descarga de datos en el dispositivo del usuario. Cierto que en el momento presente, un alto porcentaje de los museos de nuestro país carecen aún de conexión WIFI, como recordó Héctor del Barrio. Y que, por tanto, aunque las apps para la visita puedan considerarse un servicio “de usar y tirar”, no por ello dejan de ser necesarias hoy en día.

Marín López introducía un nuevo matiz: “la app es solamente un soporte, un formato, para hacer llegar determinados beneficios de la tecnología”. Parece lógico por tanto que en los próximos años asistamos a un cambio de formatos en función de los gustos y necesidades del público y de la dotación tecnológica de los museos, pero lo interesante es plantearse qué está detrás de esos soportes, qué es lo que la tecnología nos permite hacer, independientemente del vehículos que nos hagan llegar el contenido. “No se sabe muy bien que camino tomarán las apps ni qué tipo de apps funcionarán en un futuro”, concluía Héctor del Barrio, “pero proyectos como CrossCult nos sirven para reflexionar acerca de la dirección que sigue el desarrollo tecnológico”.

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