Año 70 d.C. Nos encontramos inmersos en la Pompeya de la Antigua Roma. La humedad del ambiente ha empañado los cristales, y al retirar el vaho con nuestras manos vemos cómo, a algunos metros de nosotros, ciudadanos romanos se asean relajados en las termas. Nada es producto de nuestra imaginación, aunque la vieja Pompeya fuera reducida a cenizas tras la erupción del Vesubio, hace casi 2.000 años. Ya no es necesario cerrar los ojos para imaginarnos pasaeando por los puestos de su antiguo mercado, o para adentrarnos con curiosidad en sus prostíbulos. Recorrer las antiguas ciudades de Pompeya y Herculano está al alcance de las tecnologías de realidad virtual inmersivas que han llegado a los museos, y que parece que lo han hecho para quedarse.

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El año 2008 fue un hito en la evolución de la digitalización de los museos. Hizo falta una inversión de diez millones de euros, un software del ejército y tecnologías de última generación, pero finalmente ocurrió: ese año nació en Italia El Museo Arqueológico Virtual, el primero del mundo en ofrecer un recorrido completamente digital.

Apoyándose en los avances de la tecnología de realidad virtual (VR), El Museo Arqueológico Virtual ofrece al visitante la posibilidad de viajar 2000 años atrás. Una vez que este atraviesa su entrada, se sumerge de lleno en las antiguas ciudades de Pompeya y Herculano. A través de olores, sonidos, cambios de temperatura, y tecnología inmersiva, el visitante se sorprende al verse recorriendo las callejuelas de estas ciudades. El espacio se convirtió entonces en uno de los primeros museos en apostar por las visitas multisensoriales e inmersivas, pero no ha sido el último.

Hasta ese momento, las ventajas que la realidad virtual (VR) ofrecía a los espacios culturales eran evidentes. A día de hoy, las visitas virtuales, como la que ofrece el Museo Thyssen-Bornemisza, permiten a usuarios de todo el mundo acceder a las colecciones sin importar su emplazamiento físico. También, la VR permite restaurar digitalmente piezas arqueológicas que han sido dañadas por guerras o catástrofes naturales, de modo que el visitante puede observarlas tal y como fueron en su origen.

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Visita virtual del Museo Thyssen-Bornemisza

En los últimos años, la aplicación de la tecnología de realidad virtual en los museos ha ido más allá y sigue con fuerza una nueva dirección: las experiencias inmersivas. La autora Nina Simons se preguntaba en 2013 por qué los museos, que deberían permitir al visitante viajar a otras épocas y sumergirle en las historias que narran en sus exposiciones, rara vez consiguen proporcionarle esa inmersión. La tecnología inmersiva surge como una respuesta ante esta necesidad. Para Silvio Waisbord “que el visitante se sumerja en dichas reconstrucciones tridimensionales y realistas de la época histórica, con la posibilidad de interactuar con ellos, aporta un grado de profundidad y cercanía difícil de igualar”.

Así, la tecnología inmersiva ha crecido a pasos agigantados: se utilizan efectos multisensoriales, reconstrucciones 3D, hologramas, sonido hipersónico, pantallas táctiles, efectos medioambientales, fog screens o inmersive caves. Las caves consisten en una especie de cubo al que accede el visitante y que proyecta en sus paredes imágenes que pueden verse en 3D al utilizar gafas de realidad virtual. Son precisamente estas lentes las que más han evolucionado en los últimos años. Tanto es así, que en el año 2014, la red social Facebook adquirió por 1.450 millones de euros la firma Oculus VR. Estas gafas de realidad virtual, al igual que las Samsung Gear VR, ofrecen experiencias inmersivas e intuitivas de navegación, trasladando los movimientos de la cabeza al campo de visión virtual.

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Gafas de realidad virtual, Samsung Gear VR, en “Paseando con Gaudí”

En el 2015, el Museo de la Historia Natural de Londres y David Attenborough se unieron para producir el documental First Life, que con unas lentes de realidad virtual permite al espectador sumergirse en el océano para observar los primeros animales que habitaron la tierra, hace más de 500 millones de años. También el British Museum ofrece al visitante una experiencia inmersiva en la Edad de Bronce. En España, el Diocesan Museum of Barcelona, con la ayuda de las Samsung Gear VR Innovator Edition, propone al visitante “Paseando con Gaudí”, un recorrido inmersivo para sumergirse en la vida y obra de Gaudí.


“First Life”, Museo de la Historia Natural de Londres

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“Walking with Gaudi”, Diocesan Museum of Barcelona.

Si las distintas posibilidades que ofrece la tecnología inmersiva a los museos no han dejado de sorprendernos, este 2016 se ha puesto en práctica una nueva experiencia: la de sumergirnos en un cuadro. El Museo Salvador Dalí, en Florida, utilizando unas gafas de realidad virtual, ofrece a sus visitantes la posibilidad de zambullirse en la obra “Reminiscencia Arqueológica del Ángelus de Millet“, para disfrutar de sus detalles y contemplar in situ su enigmático paisaje.


Museo Salvador Dalí

Con Facebook apostando abiertamente por las gafas de realidad virtual, y siendo testigos de la buena aplicación y acogida que está teniendo por parte de museos y visitantes, parece que aún están por llegar grandes experiencias inmersivas. Desde GVAM creemos que las experiencias multisensoriales e inmersivas integran al visitante en fascinantes historias, logrando no sólo difundir el conocimiento, sino también que este quede grabado a través de una vivencia inolvidable.