Corría el 2012 y algo estaba cambiando. Atrás comenzaba a quedar el concepto de museo concebido como templo de silencio sepulcral y emoción contenida, como espacio reservado a la élite cultural.
A pie de calle, el cosmos pedía otra cosa. Interactuar, participar, compartir, descargar, retwittear o adjuntar eran términos que frecuentaban las conversaciones al uso. Pronto fue difícil desligarse de las utilidades y facilidades que proporcionaba la tecnología. Y el arte, con perspicacia, debía encontrar en ella un aliado. Era el momento de abrir las puertas de los museos. Pero no las físicas, pues ya lo estaban, sino las digitales. Como nunca antes, el contexto pedía democratizar la cultura, y siendo consciente de ello, la bloguera Mar Dixon creó, sin intuir la repercusión que tendría, el ya tan amado hashtag #MuseumSelfieDay.

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En #Museumselfieday no hay reglas. Todo vale. Desde la Mona Lisa sacándose a sí misma una foto hasta la imitación de la postura o mueca del personaje protagonista de la pieza escogida. La creatividad es la clave. Y el interés del público por participar activamente de los contenidos culturales, el resultado. El 21 de enero de 2013, la bloguera inglesa y experta en social media, Mar Dixon, sacudió las redes sociales de países como Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Qatar, Reino Unido o Rusia con #Museumselfieday. A las 07:00 de la mañana, se recogían 352 fotos y 3.413 tweets. Dos días después, las fotos ascendían a 5.591, y los tweets a 23.778. Y esto, solo en twitter.

Datos #MuseumSelfieDay 7.00 am

Datos #MuseumSelfieDay 23 enero

La iniciativa tuvo detractores, como todo, pero museos de reconocido prestigio pronto apoyaron la acción, y las más reputadas cabeceras comenzaron a hacerse eco de la noticia. Pudiendo posicionarse uno más a favor o en contra de este tipo de acciones, lo que resulta indiscutible es que el #Museumselfieday evidenció que la forma de acceder a los contenidos culturales se estaba reformulando. Y así, la fecha pasó a convertirse en uno de los hitos más destacados de la alianza arte-tecnología. Un matrimonio conveniente en el que muchos ya trabajaban con iniciativas que precedían al #Museumselfie: #WhyIloveMuseums, #MusSocks, #MusCake, #MussMovember, #MussVolunteers, etc.

Y no queda ahí. Son muchas otras las propuestas ingeniosas que han surgido con la finalidad de acabar con la pasividad tradicional de la visita al museo, buscando convertir al público en parte activa del proceso. Ahora se le tiene en cuenta, participa, interactúa y decide. Involucrando al visitante, este disfruta, y el contenido cultural se difunde. Es el caso de Ask a curator day (@AskACurator), una acción que se celebra cada año en el mes de septiembre y que ofrece a los usuarios de twitter formular preguntas a conservadores de museos de todo el mundo.

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Instagram no se ha quedado atrás y también ha querido reinventarse convirtiéndose, ahora más que nunca, en amante incondicional del arte. 52 museums es una de las iniciativas más recientes de las creadas específicamente para esta red social, una de las tantas que puede sumarse al “palmarés” de Mar Dixon. Con el objetivo de dar visibilidad a 52 museos a lo largo y ancho del planeta, esta social media manager creó una cuenta de Instagram (@52museums), con la idea de que cada semana fuera gestionada por uno o dos de los centros participantes. Durante siete días, los museos encargados de administrarla comparten con los seguidores las piezas más destacadas de sus colecciones, construyendo un puente de conexión directa entre el usuario y el conocimiento artístico. Aunque comenzó este mismo mes de enero, esta acción ya cuenta con 3613 seguidores que disfrutan culturizándose y sumergiéndose en el fascinante universo del museo. Una cifra que, sin duda, continuará creciendo.

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El apoyo que museos como el Louvre, el Guggenheim, The National Gallery, el Thyssen-Bornemisza o el Museo Nacional del Prado han dado a estas acciones desde que comenzaran, ha evidenciado el cambio de ruta hacia una cultura accesible y participativa. El Anuario de Cultura Digital 2015 recoge que, a día de hoy, los museos son las industrias culturales que mejor han adaptado las herramientas digitales para enriquecer las visitas. Muchos cuentan, por ejemplo, con apps móviles que permiten diseñar rutas personalizadas, o que hacen posible disfrutar del recorrido en realidad aumentada. Según el estudio mencionado, un 83,3% de estos espacios ya cuentan con presencia en redes sociales, imágenes digitalizadas y apps educativas. Los juegos dinámicos son cada vez más frecuentes con el fin de amenizar las visitas de los más pequeños.

El móvil se ha convertido de esta forma en piedra angular de la visita, y no solo por la comodidad de descargar la guía rápidamente en el dispositivo. La tecnología móvil permite diseñar guías multimedia adaptadas a las necesidades de personas con discapacidad visual o auditiva. Rompe así esta barrera, permitiendo acercar el arte a todos los públicos, sin distinción. Es algo que ya promueve, entre otros, el Museo Arqueológico Nacional o el Museo Lázaro Galdiano, que ofrecen al visitante una aplicaciones móvil con audiodescripción, lengua de signos y subtitulado.

El cambio no se limita únicamente a activar el interés del público por la cultura. La alianza arte-tecnología permite también que esos contenidos sean disfrutados por personas invidentes o sordas, un servicio que se encontraba muy limitado anteriormente.

Más allá de los debates que se puedan generar, estas acciones, enmarcadas en la nueva era interactiva, suponen un reclamo para un público amplio y heterogéneo. Mar Dixon ha asegurado en muchas entrevistas que tiempo atrás le invadía la preocupación al ver la falta de conexión que existía entre el museo y el público. Esta razón fue la que inspiró gran parte de su trabajo. Ella es, sin duda, la militante por excelencia de una cultura accesible para todos.

Pero este reto va más allá de las paredes de los museos. A cielo descubierto, contamos con un patrimonio histórico y cultural diverso que debe ser disfrutado por todos. En cada rincón es posible admirar la belleza “per se”, esbozada tras el paso de la naturaleza o por la mano y el ingenio del hombre. Llevar la historia que hay detrás de cada uno de estos trazos a todo el que desee conocerla es el objetivo principal de muchos de los que nos dedicamos al fascinante ámbito del patrimonio cultural y artístico. Poner la tecnología al servicio del conocimiento y del saber, trabajando en aras de una cultura accesible es, en definitiva, lo que nos mueve. Y lo cierto es que parece seguro que arte y tecnología, disfrutan de la mano.